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Por qué tu QR impreso no se escanea: contraste y tamaño de módulo

Dos números deciden si un código impreso funciona o no: la relación de contraste entre los dos colores y los milímetros que mide cada módulo. Vale la pena entender de dónde salen.

Cuando un QR impreso falla, la reacción típica es culpar al teléfono, a la luz o a la impresora. Casi siempre la causa es una de dos, y las dos se pueden calcular de antemano.

Cómo lee un QR la cámara de un teléfono

El decodificador no ve colores ni relieve. Toma la imagen, la convierte a escala de grises y aplica un umbral: cada píxel queda clasificado como claro u oscuro. Después busca los tres cuadrados grandes de las esquinas —los patrones de posición— para orientarse, deduce la cuadrícula y lee los módulos uno por uno.

Todo el proceso depende de que exista una frontera nítida entre claro y oscuro. Si esa frontera es ambigua, el umbral cae en el lugar equivocado y la lectura falla antes de empezar.

Por qué el relieve de un solo color no alcanza

Un relieve monocolor no produce diferencia de color: produce sombra. Y la sombra depende enteramente de dónde esté la fuente de luz.

Con luz rasante lateral, las paredes del relieve proyectan sombras marcadas y el código puede leerse. Con luz difusa —una oficina, un salón, un día nublado, que es donde va a estar tu pieza el 90 % del tiempo— las sombras casi desaparecen y la superficie se ve como una plancha uniforme del mismo tono.

Peor todavía: cuando la luz viene de arriba y la pieza está inclinada, las sombras pueden aparecer desplazadas respecto del módulo que las genera, lo que corre el patrón y confunde la detección.

Por eso la solución no es hacer el relieve más alto. Es que las dos zonas tengan colores distintos.

Cuánto contraste hace falta

El contraste entre dos colores se mide como una relación entre sus luminancias relativas. Es la misma fórmula que se usa en accesibilidad web, y da un número del estilo «4,5:1» o «15:1».

Para un código QR impreso, por debajo de 3:1 no se lee de forma fiable. Entre 3:1 y 7:1 funciona en buenas condiciones. Por encima de 7:1 va a leerse siempre. Blanco sobre negro puro da alrededor de 21:1, que es el máximo posible.

El detalle que sorprende: colores muy distintos al ojo pueden tener contraste de luminancia bajísimo. Rojo sobre verde parece un contraste enorme porque son opuestos en tono, pero ambos tienen luminancia media y su relación ronda 1,2:1. Impreso, es ilegible. Lo mismo pasa con azul sobre marrón, o naranja sobre verde oliva.

La regla segura es pensar en claro y oscuro, no en «colores distintos». Si convertís tu combinación a blanco y negro mentalmente y los dos tonos quedan parecidos, no sirve.

El QR invertido

La especificación original asume módulos oscuros sobre fondo claro. Un código invertido —claro sobre oscuro— sigue teniendo la información, y la mayoría de los teléfonos modernos lo lee sin problema porque prueban las dos polaridades.

Pero no todos. Lectores viejos, algunas apps de punto de venta y ciertos escáneres industriales solo prueban la polaridad estándar. Si tu pieza va a manos de un público amplio, quedate con base clara y código oscuro. La herramienta te avisa cuando estás invirtiendo.

De dónde sale el 1,5 mm

Una boquilla estándar de 0,4 mm deposita un cordón de plástico de aproximadamente ese ancho. Cuando tenés que dibujar un cuadrado, la boquilla no puede hacer una esquina perfecta: describe una curva mínima determinada por su propio diámetro.

En un módulo de 3 mm, ese redondeo se come una fracción despreciable. En un módulo de 1,5 mm empieza a notarse pero el cuadrado sigue siendo reconocible. En uno de 1 mm, el redondeo se come una parte importante del módulo y, sobre todo, los módulos vecinos se tocan: dos negros en diagonal se unen por la esquina y forman una masa continua donde debería haber separación.

Ese es el momento en que la cuadrícula deja de ser legible. No es que el código esté «un poco peor»: deja de funcionar de golpe.

Si querés bajar de 1,5 mm, necesitás una boquilla más fina —0,2 mm— y aceptar que la impresión va a tardar bastante más.

El logo del centro

Poner un logo o un emoji en el medio tapa módulos reales. Funciona gracias a la corrección de errores de Reed-Solomon que el formato lleva incorporada: con el nivel más alto se puede recuperar hasta cerca del 30 % de los datos perdidos.

Por eso, cuando agregás un centro, la herramienta sube automáticamente la corrección de errores al máximo. El costo es que el código gana módulos para meter esa redundancia, y por lo tanto cada módulo se achica. Es un intercambio: ganás estética, perdés margen de tamaño.

Si estás justo con el tamaño por módulo, sacar el logo del centro es una de las formas más rápidas de recuperar milímetros.

El acabado también cuenta

Un filamento brillante refleja la luz de forma especular. Bajo una lámpara de techo, ese reflejo puede crear una zona quemada sobre parte del código donde la cámara solo ve blanco.

El filamento mate dispersa la luz y mantiene el contraste estable en cualquier ángulo. Si tenés que elegir uno para el color oscuro, que sea mate.

La comprobación de treinta segundos

Antes de imprimir: mirá el tamaño por módulo y el contraste que muestra el generador. Si los dos están en verde, la pieza va a funcionar. Si alguno está en rojo, no imprimas todavía — agrandá el objeto, acortá el enlace o cambiá los colores.

Después de imprimir la primera unidad: escaneála con un teléfono que no sea el tuyo, en el lugar donde va a vivir la pieza, con la luz que va a haber ahí. Recién ahí lanzá la serie.