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QR para la carta del restaurante: medidas, materiales y colocación
La pegatina plastificada de la carta digital dura tres meses, se despega y se ensucia. Un soporte impreso en 3D cuesta centavos de filamento y dura años. Estas son las decisiones que importan.
El QR de la carta digital se instaló en los bares durante la pandemia y se quedó. Lo que casi nadie resolvió bien es el soporte físico: la mayoría sigue siendo una pegatina sobre la mesa o un acrílico genérico comprado por decenas.
Una pieza impresa en 3D resuelve las dos cosas: cuesta muy poco por unidad y podés poner el nombre del local en relieve, que es lo que la diferencia de cualquier cartelito comprado.
Tamaño: 80 mm es el número
Para un soporte de mesa, 80 mm de ancho es el punto de equilibrio. Con esa medida un enlace corto —el dominio de tu carta, sin parámetros— te deja alrededor de 2,3 mm por módulo, muy por encima del mínimo de 1,5 mm. Hay margen de sobra incluso si el enlace crece un poco.
Podés bajar a 60 mm si el enlace es realmente corto y querés una pieza más discreta. Por debajo de eso empezás a comprometer la legibilidad y además la pieza se vuelve fácil de tirar de un codazo.
Si el local es grande y el soporte va a estar en la barra o en un atril de entrada, 100 o 120 mm se leen desde más lejos y funcionan mejor como señalización.
Por qué la cuña y no la placa vertical
El soporte de esta herramienta es una cuña maciza inclinada, no una placa con pie. Hay tres razones prácticas.
Se imprime sin soportes: la cara del código mira hacia arriba y toda la pieza se apoya sobre sí misma, así que la superficie que importa sale limpia. Es estable: el peso está abajo, y en una mesa de restaurante eso significa que sobrevive a los codazos y a la limpieza. Y no tiene partes finas que se rompan, que es lo que le pasa a los soportes con pie delgado cuando alguien los agarra mal.
La inclinación está calculada para que se lea sentado desde la mesa. Si lo vas a poner en la barra, donde la gente está de pie, funciona igual pero conviene el tamaño grande.
Qué filamento usar
El PLA alcanza para el 90 % de los casos. Es barato, fácil de imprimir y tiene buen acabado. Su límite es el calor: a partir de unos 50-60 °C empieza a ablandarse. En una mesa interior no pasa nada. En una terraza al sol de enero, en Buenos Aires o en cualquier lugar con verano fuerte, una pieza de PLA puede deformarse.
Para exterior o para una terraza soleada, PETG. Aguanta bastante más temperatura, es más resistente a los golpes y tolera mejor los productos de limpieza. Cuesta un poco más y es algo más quisquilloso de imprimir, pero para una pieza que va a vivir años vale la pena.
El ABS también sirve pero no lo recomiendo: necesita cámara cerrada, huele mal al imprimir y no aporta nada que el PETG no dé.
En los dos casos, elegí el color oscuro en mate. Bajo la luz cálida y direccional de un restaurante, el brillante genera reflejos justo sobre el código.
El texto en relieve
Poner el nombre del local debajo del código es lo que convierte una pieza genérica en algo del negocio. Un par de recomendaciones aprendidas a los golpes:
Que sea corto. «Café Central» funciona; «Café Central — Cocina de autor desde 1998» no entra y sale ilegible. Si el nombre es largo, usá solo la parte que la gente dice en voz alta.
El texto sale en el mismo color que el código, así que hereda su contraste. Y como está en relieve, también se puede leer al tacto, lo que suma un detalle de accesibilidad que nadie espera.
Dónde ponerlo y cuántos
Uno por mesa es lo que realmente cambia el comportamiento. Cuando hay que compartir el cartel entre mesas o buscarlo en la barra, la mitad de la gente no lo usa y termina pidiendo la carta de papel.
Ponelo cerca del borde de la mesa, no en el centro contra la pared: la gente escanea sentada, sin estirarse. Y si tenés mesas para dos y para seis, considerá dos soportes en las grandes.
Para el clásico cartel de «dejanos una reseña», la ubicación que mejor funciona es junto a la caja, en el momento de pagar. Es cuando la experiencia está fresca y la persona ya tiene el teléfono en la mano.
El error que se paga caro: el enlace fijo
El enlace queda grabado en el plástico. Si mañana cambiás de proveedor de carta digital, o el enlace tenía un identificador que caduca, tirás todas las piezas.
La solución es no apuntar nunca directo al destino final. Apuntá a una dirección corta que controles vos —una subcarpeta de tu propio dominio, o un acortador propio— y que esa dirección redirija a donde esté la carta hoy. Cuando cambies de sistema, cambiás la redirección y las cincuenta piezas impresas siguen funcionando.
Como beneficio secundario, un enlace corto da menos módulos y por lo tanto módulos más grandes, que es exactamente lo que querés.
Costo real por unidad
Un soporte de 80 mm consume del orden de 15 a 25 gramos de filamento según el relleno. A precios corrientes de PLA eso son centavos de dólar por pieza. El tiempo de impresión ronda la hora y media, y en una cama de tamaño estándar entran varias piezas por tanda.
Para un local de veinte mesas, es una tarde de impresora y menos de una bobina. Comparado con comprar veinte acrílicos, no hay discusión.
Podés armar el tuyo en el generador: pegás el enlace de la carta, elegís «soporte de mesa», escribís el nombre del local y descargás el archivo listo para el laminador.